Huele a perfume de flores,
Grandes achiras color naranjo,
Confundidos entre la espesura de largos tallos burdeo,
Donde jugábamos a la escondida.
Sobre el verde césped,
Nuestras manos buscaban el trébol de cuatro hojas
Corremos tras los gansos y
Rodamos por la ladera.
El aroma intenso a los duraznos y
Ciruelos en flor, llena nuestros pulmones.
En las tardes de verano,
Tendidos bajo los Álamos
Veíamos como los rayos del sol
Traspasaban el espacio entre las hojas
Al mecerse con el viento,
La luz es brillante
Y las formas eran tan hermosas como un caleidoscopio,
A nuestra edad, no había tiempo,
Ni control del mismo,
Solo cuando el sol bajaba su intensidad
Era hora de la merienda,
Y deseosos de un nuevo día,
Corríamos a casa
Pues nadie nos llamaba,
Solo era nuestra decisión,
Fue una aventura infinita
Disfrutar de todo lo que nos rodeó,
La naturaleza se impregnó en nosotros y…
Hoy lejos de ahí… te recordamos